Se encendió la luz en la ventana del tercero. A través de los visillos podía verse una figura; primero una sombra, después un cuerpo que comenzó a desnudarse.Medio inclinado, sujetando con la mano una pierna medio levantada, se detuvo, separó las cortinas comprobando si la persiana estaba bajada. No lo estaba.
Soltó el visillo y continuó desnudándose. Calcetines, calzoncillos... de espaldas, ignorando al resto del mundo ¡qué le importaba!
Era que la euforia de la bebida, y los amigos, y la posibilidad de que el omeprazol cause ginecomastia y reduzca la líbido, y que la producción de serotonina se disloca, y el tánatos que estalla y la garganta que se cierra y los pulgares de los pies que me chasquean, y me escuecen los ojos, y me apena no poder compartir esta energía, estos pensones...
Haciendo una lista mental, apago y se apaga la luz en la ventana del tercero.
(Madrid, 13-XI)